viernes, 12 de junio de 2009

LA REVOLUCIÓN (9)

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Aunque todo parecía ir bien, y por fin conseguía hacer todo lo que siempre había querido, había algo que no dejaba de atormentarle por las noches cuando se metía en la cama y todo era silencio y oscuridad. En esas horas de vigilia, algo venía a su mente de forma reiterada, se trataba de la única, y última conversación que había mantenido con El Líder, justo antes de que éste fuera ejecutado. Había sido en la triste y húmeda celda que le había albergado durante las últimas semanas de su vida, tras haber sido capturado por fin. Él se había acercado allí movido por sentimientos encontrados, por un lado el desprecio que sentía hacia el tirano, por otro lado, la irremediable lástima por el vencido, y por qué no decirlo, también movido por la curiosidad.
El que había sido líder durante largos años, aquel que se presentaba siempre con todo lujo y boato, aquel que lanzase discursos con determinación y coraje, ese hombre Dios, parecía haberse esfumado, dejando en su lugar a un hombre encorvado, maltrecho, sucio, envejecido y nada carismático. Un remolino de sensaciones indescriptibles revolotearon en su interior de forma apresurada. Se acercó lentamente al enrejado y lo miró con un rictus de repugnancia dibujado en el rostro. El abatido ser humano que allí había, tardó unos segundos en reaccionar y darse cuenta de que no estaba solo, entonces levantó la cara y miró a Luno directamente a los ojos, con la poca arrogancia que aún le quedaba.
- Tú… - murmuró con voz pastosa. Luno guardó silencio – tú… - repitió el desgraciado.
La celda olía a orín y a heces, era un lugar inmundo, y en algunas partes de la pared aún podían verse restos de sangre reseca, el chico sintió que se le encogía el corazón al imaginar la cantidad de incautos que habrían sido asesinados vilmente en aquellas mazmorras, víctimas de la soberbia de aquel ser. Éste pareció leerle los pensamientos, porque se removió incómodo y lanzó una especie de suspiro recio, que más que eso, parecía un ronquido gutural. Entonces Luno le miró de nuevo, y se encontró con sus ojos mirándole fijamente, se inquietó, pero guardó la compostura tal y como el enmascarado le había enseñado.
- Así que tú serás el nuevo líder… - murmuró más que dijo.
- Eso no es lo importante – dijo a su vez Luno, molesto.
- Oh, sí, sí que lo es, El Líder es la pieza clave, lo más importante, sobre lo que se sostiene todo, ¿no te lo ha dicho? – Luno le miró algo confuso – No, aún no, es pronto, pero llegado el momento te dará las pautas a seguir.
- ¿De qué demonios estás hablando? – preguntó Luno sintiéndose extraño al tutearle, algo que jamás antes había hecho nadie, sin embargo se fingió hierático, no quería que le amilanase.
- Deberías preguntar más bien, de quién, pero en el fondo, creo que ya lo sabes, ¿no? – preguntó a su vez el antiguo gobernante.
- No he venido aquí a hablar de mí – protestó Luno enérgico, aquel insolente, aun estando acabado, le mirada de forma condescendiente.
- Por supuesto que no, porque tú sólo eres un producto, una forma de llevar a cabo lo que él quiere – sonrió el hombre anciano que permanecía en la celda.
- Yo soy el nuevo líder, y le daré al pueblo lo que éste merece, repartiré las riquezas, y todos serán libres – argumentó Luno enérgico -, para eso hicimos la revolución.
- Pobre iluso… - murmuró el otro con aquella sonrisa estúpida.
- Puedes burlarte si quieres, pero tú estás ahí encerrado, esperando ser ejecutado, y yo estoy libre, y en capacidad de tomar decisiones – rebatió Luno ufano.
- Vaya, vaya, ya empiezas a comportarte como un auténtico líder – rió esta vez el reo.
- Yo nunca seré como tú, yo seguiré siempre el dictado de mi corazón – se defendió Luno, sintiéndose culpable por haberse mostrado arrogante, no era eso lo que él pretendía.
- Tu corazón se terminará pudriendo, igual que el mío, no serás más que una marioneta en sus manos – dijo sin embargo el reo. Acto seguido se puso en pie de manera costosa, como si el cuerpo le pesase demasiado, y se acercó a las rejas para ver mejor al chico -. Hazme caso, y no te alejes del camino que te marque él, o acabarás como yo…
- Yo nunca seré un tirano, no oprimiré a las masas, sino todo lo contrario, les daré toda la libertad que se merecen, y luego dejaré que ellos decidan si quieren que siga dirigiéndoles o no…
- Esa será tu perdición, chico, ésa será tu perdición.
Luno le vio cómo se iba alejando de los barrotes para volver a sentarse sobre el estrecho camastro que había en la oscura celda. Esperó a que dijera algo más, pero el reo se sumió en un profundo mutismo, con la mirada clavada en la desconchada pared de enfrente, como si el mundo que le rodeaba ya no tuviera nada que ver con él. Luno le miró por última vez antes de irse, no sabía si sentir lástima por él, o desprecio, o tal vez ambas cosas al mismo tiempo, de todos modos pensó que no importaba demasiado, a fin de cuentas sería ejecutado en poco tiempo.


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2 comentarios:

Ely Cervantes dijo...

Suena muy lindo!
jaja por un momento pensé que lo habias escrito tu :)

te felicito por tu blog ^^ esta monisimo

un beso

Ely Cervantes

LOREA OTSOA HONORATO dijo...

Gracias por pasarte. Todos los contenidos son míos ;), espero verte por aquí más veces.



Saludos.