jueves, 29 de julio de 2010

TE AMABA

Me complace presentaros mi poema TE AMABA, que ha quedado semifinalista en el concurso AMANECER SOLITARIO, convocado por El Centro de Estudios Poéticos de Madrid. Para mí ha sido un honor participar y quedar semifinalista de nuevo en este certamen, con otro de mis poemas.
Como semifinalista, mi poema será publicado en una antología, que llevará como título: AMANECER SOLITARIO, y que será publicada este verano.
Os dejo aquí mi poema para que podáis leerlo y disfrutarlo:





TE AMABA
Bailabas bajo la lluvia,
transparentes alfileres líquidos
derramados sobre el rostro claro.
Reías alborozada,
girando sobre ti misma,
los brazos extendidos
cual angulosas alas de gaviota.
Flotabas ante mi rostro,
eras hada evanescente
que con halo de tul alboreo
arañabas el aire eterno.
Y yo, ser ínfimo y de las sombras,
me embebía de tu albor nevado,
sintiendo el corazón henchido
de emoción profunda y pura.
Bailabas bajo la lluvia,
y yo,
yo sólo te amaba…
Lorea Otsoa Honorato.

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martes, 22 de junio de 2010

AYUDA PARA CUMPLIR UN SUEÑO...

Hola a todos los navegantes de este humilde blog:

Ya podéis votar por mi novela corta LOS MUROS DE LA SOBERBIA, que participa en el concurso literario de Imprimatur.es. La podéis leer online en:
http://www.imprimatur.es/ii-edicion-novela/108-los-muros-de-la-soberbia.html

También podéis votar por el poemario EL GRITO AHORCADO, publicado igualmente en Imprimatur.es y que se puede leer online en:
http://imprimatur.es/ii-edicion-poesia/155-el-grito-ahorcado.html

Comentaros que para votar debeis registraros en la página literaria https://www.imprimatur.es/
Luego, pinchando en el menú de la parte de arriba en PARTICIPA, se despliega una ventana y en la parte de abajo aparece la opción VOTA, que te lleva directamente al formulario de votación.
Las obras más votadas serán revisadas por un jurado, que decidirá si las publica en papel. Os pido vuestra colaboración para que mis obras puedan ver la luz en dicha editorial.

Gracias y besos a todos!!

miércoles, 16 de junio de 2010

LA MALDICIÓN






Más de un centenar de gargantas descarnadas emitían un prolongado alarido que se oía a kilómetros de distancia. Los animales de los bosques de alrededor habían huido espantados por lo que allí estaba sucediendo, y es que jamás se había visto un castigo tan horripilante en la región.
El reo, un hombre joven, permanecía atado a una gran estaca de grandes dimensiones, y una serie de encapuchados lo rodeaban con largas lanzas en las manos, lanzas muy afiladas que apuntaban directamente hacia el condenado. Una espesa masa de nubes negras se cernía sobre la escena amenazando con lanzar su furia en forma de tormenta, todo resultaba aterrador.
El penado se mantenía extrañamente sereno a pesar de la tortuosa muerte que le esperaba, mantenía la cabeza gacha y los ojos cerrados, murmurando algo que nadie más que él podía comprender, estaba rezando. Su semblante circunspecto encendía aún más los ánimos de los allí congregados, que anhelaban ver sufrimiento dibujado en su rostro, y le insultaban a gritos desde donde se hallaban.
- ¡Matadlo! ¿A qué esperáis? - inquirían a voz en grito señalando a los verdugos encapuchados que rodeaban al reo apuntándole con las lanzas. Éstos permanecían quietos en sus puestos, esperando la orden definitiva para proceder.
Un hombre vestido con hábito religioso, se subió a una especie de tarima que había a un extremo, visible para todos, y señalando al condenado con el dedo índice empezó a hablar con voz profunda y clara:
- ¡He aquí, el último de una estirpe degenerada que ha traído la desgracia a nuestro pueblo! – exclamó, y los gritos de la multitud arreciaron en el acto – sí, queridos vecinos de Horcost, él es el último de una saga de gentes perversas que nos trajeron la desgracia, la terrible maldición que nos acucia desde hace varias generaciones, y que hoy, con el ajusticiamiento de este último miembro de esa perversa estirpe, terminará por fin y para siempre…
Las gentes gritaron de nuevo, querían ver muerto al causante de todas sus desgracias, y querían que fuera ya. Alzaban ahora los puños clamando por la justicia que creían necesaria y buena para su pueblo, aquel desgraciado tenía que morir…
El hombre de la vestimenta religiosa alzó los brazos hacia aquel cielo oscuro y siniestro, poco después dio la orden con un grito que los verdugos reconocieron al instante, y empezaron a avanzar hacia el condenado con paso firme y seguro, creían en lo que iban a hacer, lo hacían por el pueblo, por sus familias, por todos ellos.
El reo levantó la cara un momento y paseó la mirada por la multitud, les miró muy serio y apenado a un mismo tiempo, como si en realidad se apiadara de ellos, después clavó la mirada en el cielo, y un rayo partió la masa de nubes en dos, provocando un rugido infernal que silenció las gargantas de todos los allí presentes. Los verdugos, lejos de amedrentarse, continuaron con su avance, querían terminar con todo aquello de una vez por todas y para siempre, de ellos dependía el futuro de la región y no podían flaquear.
Las lanzas se fueron clavando en el cuerpo del condenado de una forma aterradoramente lenta, no se trataba tan sólo de matarle, había que provocarle el máximo sufrimiento posible, porque aquel acto que estaban perpetrando no era sólo aplicar una condena, sino llevar a cabo una venganza, deseaban vengarse por todo el daño que la saga a la que pertenecía el reo había provocado en sus vidas. Pese a todo, el penado no profirió grito alguno, demostrando de este modo toda la dignidad de su estirpe, destruida por aquellos a los que consideraba bárbaros. No les daría el placer de verle sufrir, ninguno de los suyos lo había hecho antes, y él tampoco lo haría…
La lluvia empezó a caer con fuerza al morir el desdichado, tanto que las gentes allí congregadas tuvieron que marcharse en busca de albergue para poder guarecerse, y no pudieron disfrutar de la escena macabra durante tanto tiempo como les hubiera gustado. El cuerpo del ajusticiado quedó expuesto a la lluvia metálica que caía a plomo sobre él, sobre todo. Con su muerte, la maldición había terminado, eso creían todos los que lo habían llevado hasta el macabro patíbulo en el que se hallaba ahora. No podían estar más equivocados.
Desde hacía más de un siglo, los antepasados de Surimay habían adorado a dioses diferentes al que adoraban los habitantes de aquella región, y ese había sido el gran pecado que habían cometido. Toda su estirpe se había alejado de un dios que le resultaba oscuro y justiciero, para acercarse a unos dioses mucho más cercanos y luminosos, dioses que no hablaban de castigo, sino de perdón. No creían que estuvieran haciendo nada malo al acercarse a creencias que hablasen de amor fraterno, de conmiseración y de un futuro en hermandad, en el que todos y cada uno de los seres del mundo viviesen en una armonía plena, por ello en un principio decidieron compartir toda esta nueva visión con el resto de vecinos.
Fue un craso error, porque el resto de personas creyó que lo que hacían era algo siniestro que traería graves consecuencias a sus vidas. A su dios no le gustaba que le desobedecieran, o que le traicionaran en busca de otras creencias que no fueran las dictadas por sus ministros en la tierra. Por este motivo decidieron prohibir a los antepasados de Surimay llevar a cabo la adoración a dioses que no fueran el que ya habían determinado. Estos no lo hicieron, sencillamente no podían seguir los dictados del miedo, que eran los que regían la vida de Horcost, y de todos los lugares que conocían. Les costó caro, porque desde ese momento en adelante fueron acusados de todo lo malo que ocurría en las vidas de todos. Las persecuciones no tardaron en sucederse, tenían que acabar con todos ellos de una forma definitiva y para siempre.
Surimay fue el último de aquella estirpe de desdichados, que pese a todo, no quiso traicionar las creencias de todos sus antepasados, creencias que por otro lado respetaba profundamente y que había hecho tan suyas como para morir por ellas. Los mensajes de amor fraterno recibidos, lo merecían, y sus vecinos estaban tan enceguecidos por el miedo que les habían inculcado en nombre de ese dios justiciero en el que creían, no supieron comprender, y tuvieron que acabar con su vida, como lo habían hecho con las vidas de todos los demás.
Ahora su cuerpo yacía atado a una enorme estaca negra, desangrado por las heridas provocadas por las lanzas de los verdugos, bajo la inclemente lluvia de acero que se clavaba en el suelo como finas aristas afiladas. Ajusticiado y odiado, acusado de pertenecer a los que lanzaron una maldición sobre Horcost y sus gentes, la maldición de creer en el amor.

Lorea Otsoa Honorato.

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martes, 1 de junio de 2010

ME OCULTAS EL AMOR




¿Me ocultas el amor?
¿Acaso, niña, crees que puedes engañarme?
El sentimiento te brota de los ojos,
cuan bocanada de fuego ardiente,
apenas disimulas el arrobo del rostro,
el temblor involuntario de las manos…
Tus palabras me dicen:
No te amo…
Y mienten.
Giras la cara, carita de luz,
y finges una indiferencia forzada,
porque tu respiración me llama a gritos,
y tú, desesperada por ocultarme
aquello que te resulta enorme,
inconmensurable…
Niña, ¿por qué me ocultas el amor?
Yo por ti muero…
Lorea Otsoa Honorato.



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viernes, 21 de mayo de 2010

MARTÍN GUEVARA TREVIÑO

Hola a todos; quiero anunciaros que el ganador de El III Certamen Literario de "El rincón del autor" , que se convoca a través de la página de "EL café del autor", es Martín Guevara Treviño, que presentó su obra Desprenderse al abismo.

Sinopsis de la obra:
Un libro de poemas sugestivos, además contiene algunos cuentos destacables como “Los elegidos” Cindi intenta descubrir los motivos que orillaron a su hermana gemela a suicidarse, encontrándose con una secta satánica que intenta atraparla.

Todos los que quieran leer su obra y conocerla, podrán hacerlo descargándola en el siguiente enlace: http://www.bubok.com/libros/172886/Desprenderse-al-abismo



Un saludo.

martes, 18 de mayo de 2010

AYUDEMOS A LAURA


Esta niña tan guapa se llama Laura. Preciosa, ¿verdad? Laura tiene 3 años. Es una niña alegre y parlanchina, como casi todos los niños de su edad. Detesta las agujas, y sin embargo éstas forman parte de su vida cotidiana, por desgracia.
Laura padece Anemia Sideorblástica Hereditaria, una de esas enfermedades catalogadas como rara, un modo de decir que, como afecta a poca gente, no resulta rentable investigarla ni financiar su tratamiento. Este tipo de anemia, a grandes rasgos, impide que sus afectados produzcan los suficientes glóbulos rojos, por lo que siempre tienen carencia de hemoglobina. Y como todo el mundo sabe, la hemoglobina es una proteína encargada de transportar el oxígeno por nuestra sangre para que llegue a los tejidos. Las consecuencias son evidentes.

En estos momentos, Laura sobrevive gracias a las transfusiones que recibe cada mes. Tiene 3 años y ya tiene un catéter de diálisis enganchado al pecho, por el que recibe la nueva sangre. Desgraciadamente, estas transfusiones sólo son un remedio temporal, pues dañan el hígado y otros órganos de la pequeña Laura, que están comenzando a resentirse gravemente. Por desgracia, vive con el tiempo prestado.

En España sólo hay un tratamiento posible, un transplante de médula. Sin embargo, se necesitaría un donante cien por cien compatible, cosa que es casi imposible. Lo más cercano es el hermano de Laura, que sólo llega a un ochenta por ciento de compatibilidad. De momento, la única opción plausible es un tratamiento en la Clínica Mayo de EEUU, una de las pocas que contiene especialistas en la enfermedad de Laura. Y aquí viene el gran problema. Dicho tratamiento tiene unos costes exorbitantes, que un albañil como su padre y una camarera como su madre no pueden, ni de lejos, abordar. Sólo el diagnóstico ya cuesta 60.000 euros. Y mientras tanto, Laura sigue viviendo con el tiempo prestado.

Mirad de nuevo la fotografía, observad su mirada, la sonrisa que asoma por debajo del chupete y comprobad cómo se os hace un nudo en la garganta. Sin embargo podemos hacer algo por ayudarla. En Facebook se ha creado un grupo de apoyo a Laura, que ya cuenta con diez mil seguidores (http://www.facebook.com/?ref=home#!/group.php?gid=106022196095762). El fin es recaudar fondos y difundir el grupo aún más, y no se trata de ningún tipo de fraude, como demuestran los certificados médicos que la familia expone en la página de Facebook, y el hecho de que este caso ha aparecido en varios programas de televisión. Me gustaría pediros que os unierais. Si no sois seguidores de Facebook y no queréis serlo, no importa, podéis ayudar aportando un donativo en el siguiente número de cuenta de Caja Madrid:

Nº CUENTA BANCARIA: 2038 1841 14 3001015820

El titular de la cuenta es, por supuesto, Laura Fernández Berrocal.

También podéis donar en la siguiente dirección de Paypal: https://www.paypal.com/cgi-bin/webscr?cmd=_donations&business=76PM368WR7858&lc=ES&item_name=Vamos%20a%20conseguir%20que%20Laura%20pueda%20curarse&item_number=Donaci%c3%b3n%20para%20Laura%20Fernandez%20Berrocal¤cy_code=EUR&bn=PP%2dDonationsBF%3abtn_donateCC_LG%2egif%3aNonHosted

Y, sobre todo, difundid el caso de Laura: a vuestros contactos, publicadlo en vuestros blogs, comentadlo entre vuestra gente cercana... "No permitiré que mi hija muera sin hacer lo posible por evitarlo", dice Sergio, el padre de Laura. ¿Por qué no les echamos una mano?

Gracias a todos de antemano.

miércoles, 5 de mayo de 2010

EL HACEDOR DE SUEÑOS


¿Qué es un escritor? Parece una pregunta sencilla, y sin embargo puede dar lugar a muchas respuestas. Habrá quien diga, que un escritor es aquel que escribe libros, sin más; otros pueden decir, que se trata de una persona cuya profesión es escribir y cobrar por ello; otros dirán que un escritor es alguien que nace con una vocación irrefrenable de contarle al mundo lo que siente, o simplemente alguien que se entretiene tejiendo historias. Y en todas ellas hay un nexo común, el escritor, escribe. Sin embargo, no es considerado escritor cualquiera que escribe, sino aquel que lo hace desarrollando una profesión en la que la palabra da forma al arte literario.
Pero más allá de todas estas consideraciones, creo que ser escritor va mucho más allá del hecho de escribir, incluso del propio arte literario en sí, ser escritor es una necesidad, la necesidad de un alma humana por crecer más allá de su propia existencia. Cada obra parida por la pluma de un autor, es un nuevo intento por reinventarse a sí mismo, y expandirse un poco más.
Los primeros escritores fueron los egipcios y los sumerios, y entre los primeros escritores griegos, destaca Homero, autor de La Iliada y La Odisea. En cuanto a las escritoras, una de las primeras, fue Safo, proveniente de la isla de Lesbos, Grecia. Podemos hablar también de Píndaro, uno de los primeros escritores griegos que escribió odas y canciones, o de Esquilo y Eurípides, autores de obras mitológicas. En cuanto a las comedias, debemos mencionar a Aristófanes, y así podemos ir desgranando un listado de autores de la Antigüedad que nos obsequiaron con grandes obras, legados de los que hemos bebido a lo largo de los siglos.
Con el paso del tiempo, han ido surgiendo grandes plumas que han continuado narrando las aventuras y desventuras de miles de personajes, sentimientos forjados en bellos y sutiles versos, aventuras teatrales, y así un sinfín de sueños desgranados y regalados a aquellos ojos que decidan recorrer sus líneas impresas. Un escritor, en definitiva, es un hacedor de sueños.
Cada obra literaria sume a aquel que la penetra, en un nuevo mundo lleno de experiencias deseosas de ser desenmascaradas, y descubre, sin darse cuenta, una porción de alma de aquel que ha dado forma a dicha historia. El escritor comparte sus sueños, los regala a cada lector que los descubre, invitándole a soñar, y a vivir la magia sin la cual todo es demasiado opaco. De la mano de sus obras, es conducido el lector intrépido que se atreve a traspasar el umbral para sumergirse en lo que hay al otro lado. Nadie sabe de esperanza, si no se ha asomado al abismo que supone cada nueva obra creada.
Miguel de Cervantes, grande de nuestras letras castellanas, nos brindó mil aventuras junto a un flacucho hidalgo llamado Don Quijote, que acompañado de gordinflón escudero, peleó audaz contra molinos de viento; Leopoldo Alas (Clarín), nos mostró con crudeza la estricta y rígida sociedad del siglo XIX, de la mano de La regenta, obra cumbre del Realismo español. ¿Y qué decir de nuestro pícaro Lazarillo, que sobrevivía a base de ingenio, en un mundo poco grato y difícil? Después, Miguel Hernández, desde su encierro y a escondidas, fue plasmando en vivaces poemas la dureza de la miseria, de la dictadura; y también hubo quienes desearon despertar nuestra fantasía, como el gran Tolkien, que desde su imaginación más profunda, nos regaló un mundo nuevo e inexistente fuera de su mente, hasta que decidió plasmarlo en papel…
El escritor se entrega valiente y aguerrido a la batalla que supone parir su obra, y nos desvela de este modo lo que agita su corazón inquieto. Nos hace partícipe de aquello que anhela, que sueña, o que simplemente imagina, y aun sabiendo, que una vez publicada, su obra dejará de pertenecerle, para ser del mundo, la entrega feliz para que sea devorada por la avidez de los ojos que la recorrerán. El escritor, no es otra cosa que eso, un fabricante de sueños, y los sueños, en definitiva, son el alimento del alma…



Lorea Otsoa Honorato.









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