lunes, 16 de marzo de 2009

LA DECISIÓN (6)


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Samuel se había sentado entre los muertos ido, con las rodillas dobladas entre los brazos, se balanceaba de atrás a adelante como si fuera un autómata. Tenía el rostro desencajado y miraba al frente, hacia un punto indefinido, ya apenas recordaba que una mañana se había levantado para ir a trabajar, como de costumbre. Su mente siempre tan lógica, tan metódica, ahora mismo no era más que un enjambre de abejas alborotadas; todo, absolutamente todo se le había ido de las manos, ya no controlaba su entorno, ni su vida, ni siquiera se controlaba a sí mismo, no sabía lo que tenía que sentir, cómo se tenía que sentir, sin su cuaderno de pautas se sentía realmente perdido, y sin embargo, sabía que de poco le serviría en aquella circunstancia, porque, obviamente, no la había previsto. Permaneció en aquel estado durante largo rato, sintiéndose más muerto que vivo, hasta que decidió ponerse en pie, y con los ojos llenos de lágrimas miró hacia arriba:
- Quiero salir de esta mierda – dijo lleno de rabia.
No sucedió nada, sin embargo, a pesar de que la batalla había concluido, el cielo seguía estando plomizo y esto le hizo desconfiar, presentía que algo iba a suceder. Un ruido inesperado le alertó, miró hacia donde provenía, y el corazón le dio un vuelco al verse a sí mismo justo enfrente, vestido con una especie de ropaje guerrero antiguo, apuntando con un arco y una flecha. Samuel cerró los ojos y visualizó la imagen de Cala, necesitaba que se materializase y le salvara de sí mismo. Desde donde estaba pudo escuchar tensarse la cuerda del arco, después el silbido de la flecha al cortar el aire, un dolor punzante y agudo en el pecho, a la altura del corazón, la oscuridad, el silencio...



CONTINUARÁ...

martes, 10 de marzo de 2009

LA DECISIÓN (5)



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Un tupido bosque se abría al otro lado de la puerta, un bosque que yacía bajo una gran masa de nubes negras que amenazaban con vomitar agua en cualquier momento. Samuel sintió un escalofrío que recorrió su espina dorsal, lo que tenía delante no era precisamente un paisaje bucólico, tuvo miedo y dio media vuelta para regresar al pasillo del que acababa de salir, por lo menos lo conocía, sabía cómo era, pero no había rastro de él, tampoco de la puerta, se hallaba en medio de aquel lúgubre bosque. No sabía muy bien qué hacer, no parecía haber nadie en aquel bosque, parecía seguir solo.
Echó a andar sin rumbo fijo, podía sentir cómo le temblaba todo el cuerpo, pensaba que desde que saliera del pozo, todo había ido de mal en peor. Recorrió el bosque durante largo rato esperando encontrar algo, tal vez a alguien que le diera alguna pista de dónde se hallaba y por qué motivo. Se detuvo en seco pensando en Cala, ¿Por qué seguir dando vueltas si podía preguntarle a ella qué hacer? Siempre había acudido a su llamada, así que sin dudarlo, levantó las manos hacia el metálico cielo que amenazaba con derrumbarse:
- ¿Qué hago aquí? ¿Cómo puedo salir? – su pregunta resonó envuelta en un eco profundo que retumbó por todo el bosque.
Un rayo partió el cielo en dos, el rugido de un potente trueno hizo que todo allí se estremeciese en un sobrecogedor temblor. Con asombro, Samuel pudo ver cómo un montón de hombres salían gritando como energúmenos de entre los arbustos portando lanzas, arcos con flechas y piedras; de los arbustos de enfrente salió otro montón de hombres gritando con la misma furia, pero éstos no portaban ni lanzas, ni arcos con flechas ni piedras, sino metralletas. Los de las lanzas vestían con ropas antiguas, como de un tiempo mucho anterior; los de las metralletas en cambio vestían con ropas militares modernas. Comenzaron a disparar los unos contra los otros, asesinándose de forma sangrienta, como si realmente se odiaran, Samuel se vio allí, en mitad de un campo de batalla en pleno apogeo. En un acto reflejo se arrodilló y se cubrió la cabeza con los brazos para protegerse. Los gritos que lanzaban los combatientes eran realmente sobrecogedores, nunca había escuchado a nadie gritar de ese modo, emitiendo semejantes alaridos, estaban como locos, completamente desquiciados, fuera de sí, la ira los había dominado por completo, los vapuleaba a su antojo, como si fueran blandas figuras de arcilla. Podía respirarse el odio en el ambiente, era denso, casi podía verse debido a su materialidad, a su brutalidad. Samuel permanecía allí encogido, sin saber cómo salir de aquella guerra que ni le iba ni le venía, expuesto a ser asesinado en aquel caos de la absoluta barbarie. Sentía a los hombres caer a su lado exhalando su último suspiro, el último aliento de vida. En cualquier momento podía ser él, podía entrar a formar parte del montón de muertos que iban cayendo en el campo de batalla, y eso le causaba un pavor terrible, un espanto que lo mantenía allí clavado, con la cabeza escondida entre los brazos, como si de este modo pudiera protegerse, evitar que un tiro, una lanza o una flecha le hiriesen. Los truenos comenzaban ya a sucederse de una forma muy continuada, volviéndolo todo mucho más confuso, más caótico, más aterrador, porque todos los desagradables y estridentes sonidos, se mezclaban en una sintonía de dolor, de ira desatada, del olor dulzón de la sangre manando a borbotones, de muerte y brutalidad.
Todo cesó de repente, los gritos, los truenos, los suspiros postreros, los tiros y el silbido de las flechas al cortar el aire, el silencio cayó sobre el campo de batalla como una losa, Samuel levantó la cabeza, bajó los brazos que la cubrían y echó un vistazo a su alrededor. Se fue poniendo en pie lentamente, descubriendo a su pesar, cómo todo el bosque estaba sembrado de cadáveres, centenares de cuerpos mutilados y ensangrentados cubriendo toda la superficie. Jamás había visto algo como aquello, en realidad jamás había visto siquiera un muerto, tan sólo por la televisión, y siempre eran muertos de lugares muy lejanos, para él se encontraban a años luz. Lívido y tembloroso echó a andar por entre los cadáveres, al principio sin mirarlos, no tenía valor para hacerlo, después no tuvo más remedio que hacerlo si no quería tropezar y caer. Fue en ese instante cuando se encontró con aquel rostro que le sobrecogió por completo, el rostro de uno de los muertos que había caído boca arriba con una flecha atravesada en la garganta. Se llenó de horror mientras sentía cómo el cerebro le palpitaba dentro del cráneo; aquello no podía ser, era realmente imposible. Un gran frenetismo se apoderó de él, de pronto era como si se hubiese salido de sus casillas, totalmente poseído comenzó a dar la vuelta a todos los cadáveres que tenía a su alrededor, y cada vez que lo hacía pegaba un grito desesperado, porque en cada uno de ellos descubría un rostro, el mismo rostro, el suyo.



CONTINUARÁ...

PENUMBRA


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La velada luz del crepúsculo, provoca una tiniebla de penumbra, que hace posible el acceso al otro mundo, al de otro lado... En el momento del ocaso, cuando muere el día, es más posible acceder a otras realidades, el ser que está a este lado, puede conectar con mayor facilidad con el que está en el otro lado. Penumbra es un libro de relatos cortos de misterio, magia, terror, y de contacto con el más allá, un viaje a lo desconocido.


Se puede conseguir el libro, en tapa dura, en el siguiente enlace:


http://www.lulu.com/content/hardcover_book/penumbra/6381336


Y en tapa blanda, en los siguientes enlaces:


http://www.lulu.com/content/paperback_book/penumbra/6323848


http://www.bubok.com/libros/8146/PENUMBRA


También se puede descargar de manera digital en los mismos enlaces.






martes, 3 de marzo de 2009

NUEVO FORO

Hola a todos, os emplazo a participar en este nuevo foro que se ha creado, dedicado no sólo a la literatura y al debate de todo tipo, sino también al cine, viajes, etc.

Entre todos podremos hacerlo cada vez más grande y rico.

Enlace del foro:
http://www.literaturadebate.forogratis.es/

También podéis encontrar el enlace en el índice de esta página donde pone FORO; o acceder a él a través de google, tecleando: literaturadebate.forogratis.es

Un saludo.



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domingo, 1 de marzo de 2009

LA DECISIÓN (4)



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El largo pasillo que se extendía ante él no tenía más que un sentido, no había desviaciones ni puertas laterales por las que derivarse, todo iba de frente, en línea recta. Detrás de él ya no había salida, tan sólo quedaba una pared totalmente sellada, así que no tenía más remedio que caminar hacia delante, recorrer aquel largo corredor. Comenzó a hacerlo con paso lento y arrastrando los pies, hacía mucho tiempo que no caminaba hacia ningún lugar, y ahora le costaba ponerse en marcha. Sin embargo poco a poco fue comenzando a caminar más rápido, cada vez estaba más ansioso por saber dónde desembocaba aquel largo corredor. Ya no había marcha atrás, no tenía más remedio que continuar el camino emprendido, desde que cayera por el hueco abierto en el suelo de su dormitorio, todo le resultaba inesperado, contrario a la aletargada rutina que siempre había regido su vida. Su mundo sin cambios había dado un giro inesperado, un vuelco completo, todo le era desconocido, diferente, obligándole a tomar decisiones decisivas, algo que siempre había odiado, a Samuel no le gustaba tener que decidir, por eso había diseñado su vida a base de esquemas y pautas predeterminadas que seguía a rajatabla.
Cada día sabía exactamente lo que iba a hacer porque lo tenía planeado y perfectamente estructurado, lo tenía todo apuntado en un cuaderno que había ido rellenando, escribiendo en él todas las posibles situaciones en las que podía verse envuelto cada día, y junto a cada una de ellas, había apuntado cuál debía ser su reacción si se llegase a materializar, de esta forma no tenía que tomar decisiones improvisadamente, algo que no soportaba. El día que terminó el cuaderno se sintió feliz, por fin había logrado su objetivo, de ahora en adelante, ante cualquier circunstancia solamente tendría que consultar su cuaderno. Nunca salía de casa sin él, incluso cuando estaba en casa, siempre lo tenía a mano por si lo necesitaba, era su bien más preciado.
Sin embargo aquella mañana, cuando cayó de forma inesperada por el boquete que se había abierto en el suelo de su dormitorio, todo cambió de forma drástica y perdió el control por completo, un montón de circunstancias nuevas se crearon a su alrededor, circunstancias que no había previsto con anterioridad, y él no estaba acostumbrado a tomar decisiones inesperadas, quizás por eso permaneció encerrado en el agujero sin hacer nada durante tanto tiempo.
El pasillo ya se hacía demasiado largo, parecía no tener final, y esto empezaba a desesperarle; varias veces se detuvo para mirar hacia atrás, comprobando de esta forma lo mucho que había avanzado, pero el final del pasillo no se vislumbraba siquiera, así que empezó a desesperar, aquel pasillo era igual que el pozo, tan sólo cambiaba la forma, pero era lo mismo, un callejón sin salida.
Angustiado se detuvo, con la mirada clavada en la infinitud de aquel corredor, después se fue agachando hasta sentarse en el suelo, entornó los párpados y sintió cómo dos gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas, inclinó el rostro hacia abajo y lo enterró entre las manos, nunca se había sentido tan perdido como lo estaba en aquel momento, no sabía qué hacer, ya no controlaba absolutamente nada. Lloró sintiéndose muy desgraciado de verse allí, compadeciéndose de su mala estrella, sintiéndose el ser más desdichado del universo, él, que no había hecho daño a nadie, que nunca se metía con nadie, y que sin embargo tenía que sufrir aquel castigo que no creía merecer. Todo le resultaba muy injusto, era como si todo confabulase para martirizarle; aquella salida que Cala le había abierto, no conducía a ninguna parte, no era más que una engañifa, un cuento chino, de pronto sentía que estaba jugando con él.
Pero en esos momentos en los que estaba tan enajenado, tuvo un momento de lucidez y recordó algo que la mujer de luz le había dicho, aquello de que todo debía ser literal. En la misma postura en la que se hallaba, sentado en el suelo, con la cara enterrada entre las manos, apretó los párpados y concentró toda su energía en una pregunta: ¿Por dónde puedo salir de este pasillo? Esperó unos segundos sin moverse siquiera, esperando quizás a escuchar la voz dulce y firme de Cala, pero ésta no se materializó así que Samuel sonrió amargamente. Levantó con lentitud la cara mientras abría los ojos, entonces dio un fuerte respingo y a punto estuvo de caer para atrás. Si no fuera porque lo tenía delante de los ojos de una forma nítida y clara, no hubiera dudado en negar aquel hecho tan insólito como milagroso. Se frotó los ojos varias veces para comprobar que veía perfectamente y que ni su vista ni su mente le estaban jugando una mala pasada. Seguía estando allí, tan clara como el agua: una puerta blanca con un brillante pomo dorado, poniendo broche final al eterno pasillo. Samuel iba poniéndose en pie lentamente mientras una tímida sonrisa se iba dibujando en sus labios. Alargó el brazo y colocó la mano sobre el pomo dorado, lo sintió frío al envolverlo en su palma, lo giró con cautela, ésta no opuso resistencia, y la puerta cedió enseguida, Samuel salió por ella, ansiaba de veras abandonar aquel pasillo.
CONTINUARÁ...

viernes, 27 de febrero de 2009

ARCAS CERRADAS


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"Las personas somos arcas cerradas", reza el dicho popular. A lo largo de este interesante libro de relatos, la autora ha querido bucear en el interior de esas arcas, mostrar diferentes realidades, desde diversos puntos de vista, invitándonos a la reflexión profunda sobre nuestro modo de pensar y de ver las cosas,a los demás, sus circunstancias y sus situaciones, en definitiva, es un canto a la comprensión y la tolerancia. Asuntos como la inmigración, la homosexualidad, el acoso escolar, el racismo, las bandas callejeras, los malos tratos y la guerra, son algunos de los temas que toca, siempre en clave de narración, con unos personajes y una acción determinada. Este libro, es una de las obras más comprometidas de la autora con el mundo que nos rodea, es casi un grito de auxilio, el grito de aquellos que podríamos ser nosotros...
El nuevo libro de relatos, ARCAS CERRADAS, se puede conseguir en los siguientes enlaces:
TAPA DURA:
TAPA BLANDA:

lunes, 23 de febrero de 2009

LA DECISIÓN (3)


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Pasaron meses y Samuel seguía tumbado en el suelo, comiéndose las uñas con frenesí, envuelto casi por completo por aquellas sombras, que se habían adueñado prácticamente de todo el agujero, ya apenas ni se veía la boca de éste, las sombras la cubrían con su aliento oscuro. En la mente de Samuel apenas quedaba una vaga imagen de aquella mujer de luz. Llegó a pensar que todo aquello no era más que un sueño, que no había sucedido realmente, que había sido una alucinación producida por su mente quizás enferma. Se mordía las uñas mientras sentía cómo aquellas sombras enfriaban cada vez más el ambiente, de tal modo que no podía evitar tiritar de frío. La mujer de luz no era más que un lejano sueño para él, su única realidad era aquel agujero, las negras sombras y la intensa gelidez que éstas arrojaban sobre él.
Una de estas sombras comenzó a enroscársele por el cuerpo de forma sibilina, Samuel la sintió y se echó a temblar, definitivamente querían apoderarse de él: Ellas solamente tienen el poder que tú les das, estas palabras comenzaron a retumbar en su mente mientras aquella sombra se le intentaba meter por el cuerpo, ¿poder? ¿Qué poder tenía él? Se sentía completamente insignificante, pequeño, diminuto, atrapado. La sombra le iba subiendo de abajo a arriba, tratando de hallar un hueco por el que poder penetrar en él; Samuel la sentía ascender como una culebra de hielo que le iba oprimiendo la carne. Trepó hasta su cara, donde halló la boca entreabierta, y sin dudarlo comenzó a colarse por ella, la voz, aquella voz interior volvió a repetirle aquella frase: Ellas solamente tienen el poder que tú les das, impulsado por aquellas palabras comenzó a toser para expulsar las sombras, después empezó a escupir mientras se iba incorporando, la sombra no tuvo más remedio que retroceder. Samuel se dio cuenta de este hecho y comenzó a escupir y a toser con más fuerza, y no sólo se retiró aquella sombra, todas las demás comenzaron a retroceder también: ¡Fuera! ¡Fuera! Comenzó a gritar ya de pie, de pronto se sentía desatado, furioso, y las sombras se hacían cada vez más y más pequeñas, acorraladas por su determinación, esa determinación que le había invadido repentinamente. Después comenzó a mirar a todos los lados como si buscara algo o a alguien:
- ¿Dónde está? ¿Dónde está la salida? – preguntó con urgencia.
En el mismo momento en el que formuló la pregunta, apareció de súbito la luz, que creció con la fuerza de un relámpago y se transformó en la bella mujer de luz que viera mucho tiempo atrás. Samuel dio un paso atrás sobresaltado, no se esperaba la repentina aparición, la miró a la cara, sonreía dulce y amorosa como la primera vez que la vio. ¿Dónde había estado durante tanto tiempo? ¿Por qué aparecía justo en aquel momento?
- Porque tú me has llamado, Samuel – respondió ella a las preguntas que él se hacía en la mente.
- ¿Yo? – preguntó él un tanto desconcertado.
- Has preguntado dónde estaba la salida – respondió Cala haciendo gala de una profunda calma.
Dicho esto, señaló hacia una de las paredes del pozo, Samuel miró hacia donde señalaba y pudo ver cómo le salía un rayo muy fino de luz rosa, lo siguió con la vista y vio cómo éste iba cortando la gruesa pared de piedra de una forma contundente y limpia hasta abrir una puerta que daba a un pasadizo. Samuel observó con asombro la operación, con la boca abierta, como un niño que admira el truco de un mago de circo, después miró a Cala fijamente, ésta le devolvió la mirada sonriente.
- ¿Por qué no lo hiciste la otra vez en lugar de dejarme encerrado durante meses? – preguntó un tanto molesto.
- No me lo pediste – fue la escueta respuesta de Cala que dejó a Samuel anonadado.
- Sí que lo hice, te pregunté por la salida y no me respondiste – se quejó frunciendo el ceño.
- Me preguntaste cómo podrías salir, yo te dije que podrías salir cuando quisieras, solamente queriéndolo podrías hacerlo, hoy has pedido saber dónde estaba la salida, y yo te la he mostrado – contestó Cala sin perder la perfecta sonrisa que la caracterizaba.
Samuel no dijo nada, se limitó a bajar la mirada mientras meditaba con cautela lo que aquella mujer le había dicho, tratando de comprenderlo perfectamente para no caer en una mala interpretación.
- Has de hacer la pregunta correcta, ha de ser literal, yo no interpreto, solamente respondo a lo que tú me preguntas, no doy lo no que se me pide, eso alteraría el orden de las cosas – explicó al ver la zozobra del joven.
- No comprendo, ¿qué orden? – preguntó Samuel más confuso aún.
- El orden cósmico, todo sucede cuando debe, ni antes ni después, cada castigo, acción o recompensa, lleva su proceso, y éste es lo largo que el que lo padece haga que sea – hizo una pausa intencionada para acto seguido proseguir -. Hoy, y no antes, has pedido salir, has preguntado exactamente dónde; el cómo me lo preguntaste hace meses, y te respondí que saldrías por tu voluntad, después has necesitado unos meses para preguntar por dónde, podrías haberlo preguntado antes y haber salido también antes, pero preferiste tomarte tu tiempo, es lícito.
Samuel no dijo nada, y la mujer de luz desapareció tan precipitadamente como había aparecido, sin dejar rastro alguno. El chico miró entonces hacia la puerta recién abierta en la pared. Dubitativo comenzó a caminar hacia ella para ver lo que había al otro lado. Se situó muy cerca y se asomó tímidamente, al otro lado se extendía un largo y angosto corredor cuyo final apenas se vislumbraba, se quedó allí quieto, sin saber muy bien qué hacer, ¿y si lo mejor era quedarse dónde estaba? Volvió la cara y miró el agujero inmundo en el que llevaba metido tanto tiempo, no le apetecía seguir en él, sin embargo no sabía dónde iba a parar aquel largo pasillo y eso le causaba pavor. Cuando volvió a mirar hacia la puerta, notó que ésta había menguado un poco, tal vez un palmo, esto le desconcertó. Miró de nuevo hacia el lugar que había ocupado durante tanto tiempo, hacia la boca de éste, que parecía mucho más lejana, y de nuevo hacia la puerta, que era más pequeña; gimió angustiado, tenía que decidirse, pero ¿por qué? La puerta seguía menguando, cada vez con más rapidez, pronto no pasaría por ella, miró hacia arriba, la boca estaba ya tan lejana, que apenas era un punto, después recorrió el agujero con la mirada, las sombras habían vuelto y se reían a carcajadas llamándole cobarde, se volvió hacia la puerta, apenas era ya un hueco en la pared; sin pensarlo ni un segundo más, se coló a través de él justo antes de que éste se cerrara del todo.



CONTINUARÁ...